Los profesores y la escuela secundaria, hoy. Notas sobre una identidad en repliegue.
Andrea Brito

Si históricamente la escuela secundaria ha ocupado un lugar central en la agenda educativa, actualmente esta centralidad gira alrededor de la idea de pérdida de integridad sistémica en el marco de una declarada “crisis” del nivel. Durante los últimos años diversos estudios han analizado los procesos de fragmentación que parecen atravesar los procesos institucionales y las propuestas académicas de las escuelas secundarias. En este marco, el estallido identitario de los profesores constituye una hipótesis de fuerte presencia en el debate educativo.

Tomando estas ideas como punto de partida, en este trabajo de investigación me propongo profundizar el análisis de la configuración de la experiencia laboral de los docentes en el contexto de las escuelas secundarias y en los efectos que esta configuración tiene tanto en los modos de construcción de la identidad docente como en las formas y sentidos de la misma institución escolar.

Sostenido en la intención de obtener cierto grado de comparabilidad del tema en distintos contextos, este estudio realizado a nivel nacional se orienta por algunas preguntas centrales a indagar desde la perspectiva de los profesores: ¿Cómo viven hoy los docentes el trabajo de enseñar a los jóvenes? ¿Qué piensan de la escuela secundaria? ¿Qué cuestionan y qué expectativas y demandas tienen? ¿Qué elementos configuran su experiencia de trabajo y cómo influyen estos en la construcción de su propia identidad? ¿Cómo dialoga este proceso con la delimitación de aquello que hoy se reconoce como escuela secundaria?

Siguiendo estas líneas, el trabajo se propone demostrar que en un contexto de escasa estabilidad institucional y de fuertes reclamos sociales por la “crisis” de la escuela media, la experiencia profesional de los profesores  oscila entre tensiones que evidencian la brecha entre aquello prescripto y aquello que efectivamente demanda su tarea conllevando efectos de desgaste personal y de precariedad laboral. Frente a esto, y en un intento defensivo de su propia tarea, los docentes se sostienen en un repliegue identitario que vuelve sobre los principios tradicionales del trabajo docente y sobre los valores fundantes de la escuela secundaria hoy puestos en cuestión en el marco de un escenario social cambiante.

Al respecto, valga una aclaración. La referencia a experiencia profesional no pretende profundizar en la conocida polémica sobre la docencia entendida como profesión vs. otros sentidos asignados (oficio, artesanado, funcionario del Estado, entre otros). El debate histórico ha sido profuso sobre este tema y como lo han señalado algunos estudios, las mismas confrontaciones entre sectores docentes en la búsqueda de un reconocimiento diferenciado y asociado al carácter elitista de ciertas profesiones -como la medicina- han provocado, desde los tiempos fundantes del sistema educativo, la imposibilidad de cohesión profesional y su debilitamiento frente a otros campos laborales (González Leandro, 2001). El debate recorrió el siglo pasado y se renovó ante las distintas configuraciones que la tarea de maestros y profesores asumieron en distintas épocas según los diferentes sentidos asignados a la educación. En la década de los noventa, fue actualizado ante la impronta de la retórica de la profesionalización. Corriéndonos de esta línea de debate, utilizaremos el concepto de experiencia profesional atendiendo a las configuraciones que el trabajo docente adquiere en el contexto de la escuela secundaria.